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SGAE: Entre piratas y ladrones
Me he pasado los últimos días leyendo atónito, en los principales medios de comunicación de la prensa escrita, las noticias que van sucediéndose sobre la detención del presidente del Consejo de Dirección de la Sociedad General de Autores y Editores, Eduardo Teddy Bautista, junto a ocho directivos más de la propia entidad. Detenciones llevadas a cabo, como consecuencia de la operación Saga, por miembros de la fuerzas de seguridad y de la fiscalía del estado. A Bautista, el mismo que el año pasado declaraba en una entrevista que "el ciudadano debería ponernos como ejemplo de cumplidores de las leyes" o "Estamos cumpliendo las leyes, nada más", se le acusa de un presunto delito de apropiación indebida y de la negativa o impedimento a los socios de la SGAE del ejercicio de los derechos de información y participación en la sociedad, negando a los mismos el acceso a la información sobre la entidad, a la que tienen derecho, e impidiéndoles participar en su gestión. Estos delitos pueden suponer un total de 10 años de cárcel: de 1 a 6 por delito de apropiación indebida y de 6 meses a 4 por administración fraudulenta. Las estimaciones sobre el desvío de capital están alrededor de los 360 millones de euros, siendo cuatro, los años que hace que varias asociaciones (Asociación de Usuarios de Internet, de Internautas, de Pequeñas y Medianas Empresas de Informática y Nuevas Tecnologías y la asociación de Hosteleros Víctimas del Canon) interpusieron las denuncias sobre los tejemanejes de esta asociación sin ánimo de lucro. Aún con todo, artistas que cobran un buen montante de la sociedad, siguen con el mismo discurso. Caco Senante, miembro de la Junta directiva de la SGAE, después de la detención de Bautista, apoyaba sin sonrojarse la próxima ratificación del mismo en el cargo de presidente. Victor Manuel, también directivo de la SGAE, el pasado día 3, creía firmemente en su inocencia y Andrés Calamaro, en un concierto en Gredos expresaba su apoyo con estas palabras: "Yo también soy autor: Bautista, estoy contigo", no sin que parte del público lo abochornara con fuertes silbidos. Y mientras tanto, uno recuerda a los más de 550 detenidos como consecuencia de la imposición de penas privativas de libertad, para los mal llamados “manteros”, que aplicaba el recientemente reformado código penal; a Michel Kounter, que pasó más dos años y medio en una prisión de Sevilla (de 8 que debía de cumplir), consecuencia de las sumas de penas impuestas tras ser detenido 10 veces por vender copias de CD. ¡8 años de prisión! ¡Sólo dos menos de los que te pueden caer por un homicidio y más o menos los mismos que por una violación! También viene a la memoria el compañero de celda de Michel, Joseph Faber, un ruandés de 47 años condenado por los mismos delitos y que también estuvo preso más de dos años. Mor Ndiaye y Yaram Drame, los dos senegaleses y Kebba Chan y Adama Toure, de Gambia. Hombres que abandonaron sus raíces con la esperanza de una vida mejor y se encontraron con penas de prisión sustituidas, en algunos casos, por extradiciones judiciales, o lo que es lo mismo: entre rejas o expulsado del país, como si de un leproso se tratara, sólo por vender cuatro CD piratas. El papel de la SGAE como feroz lobby fue fundamental para conseguir, de manos del gobierno español, una legislación tan exageradamente cruel para unos delitos que no generan alarma social y, de los cuales, participa la misma ciudadanía. La presión de los que dicen abanderar la defensa de los derechos de los artistas consiguió aplicar sobre este asunto el derecho penal, infringiendo el principio de mínima intervención que lo rige, aún existiendo normas administrativas que contemplan sanciones para este tipo de actividades. Con todo, en los últimos tiempos, hemos sido testigos de la hipocresía y desfachatez de algunos autores de renombre (a los que parece referirse el escritor Juan Gómez Jurado como “exiliados en Miami por causas fiscales” en el artículo que lleva su firma “La piratería no existe”, del que recomiendo encarecidamente su lectura) que se han ido llenando la boca con palabras como delincuentes, piratas y cobardes, mientras eludían su responsabilidad a la hora de pagar al fisco español: “Que cobardes los politicos Españoles, no van a votar la ley Sinde de protección a la propiedad intelectual porque es impopular... cobardes e hipócritas”. Pero lo que realmente más me sorprende, no son las salidas de tono de ciertos artistas subidos al dólar que desesperadamente intentan mantener el status quo de un negocio que pide a gritos una reestructuración profunda a causa de la irrupción de internet (y el abanico de maravillosas posibilidades que ofrece la actual era digital): “mi vergüenza hacia todos aquellos políticos que intentan canjear nuestros derechos contra otros beneficios que nos lesionan profundamente. A ellos vaya mi desprecio”. Lo que más me sorprende es leer a pequeños productores, en foros especializados de música, o escuchar a amigos, que intentan abrirse paso en la industria musical, que se han adherido y defienden a ultranza la necesitad de la existencia de entidades de signo despótico como la SGAE. Entidades que practican una política gansteril, provocando que el sistema actual de propiedad intelectual se torne una traba para la difusión de la cultura. Todo ello con la connivencia explícita de los representantes políticos que la misma ciudadanía ha situado al frente como los guías de su propia moral. Estos pequeños actores de la música se posicionan a favor de la tiranía de la SGAE. No reparan en la existencia de nuevas propuestas y alternativas que se alejan del monopolio de las empresas de la industria musical (empresas que siguen aferradas a la misma forma de mercantilismo anacrónico que en su día les llenó los bolsillos con suculentos dividendos). Tal vez crean que, al lado de quien tiene la sartén por el mango, puedan encumbrarse en la fama musical, o tal vez sea por simple falta de información, por el desconocimiento de las posibilidades que ofrecen licencias como Copyleft o Creative Common frente al omnipresente copyright. Cito de nuevo a Juan Gómez Jurado: “Miremos a Estados Unidos, donde se han creado tres modelos de negocio impecables y de éxito abrumador. Kindle, iTunes y Netflix. El primero es una librería virtual que vende 775.000 títulos con precios en torno a los 7 euros para las novedades, mucho más baratos e incluso gratis para los libros de fondo de catálogo. Los libros se descargan en 30” con un solo clic en el propio dispositivo, que incluye 3G gratis. El segundo –único que opera en España- es, desde hace diez años, la referencia indiscutible en la música, habiendo vendido más de 10 mil millones de canciones. Y el tercero es un videoclub virtual con tarifa plana por 6 euros al mes. Para muestra de su éxito, baste decir que los mandos a distancia de los televisores que se venden en EEUU llevan desde 2011 un botón para acceder a Netflix de serie. ¿Qué tienen en común estos servicios? Lo más importante de todo es su sencillez. Una vez registrado en el servicio, no hay que hacer nada más. Los cobros se realizan por tarjeta de crédito, con total comodidad. Las descargas son instantáneas, y la calidad está garantizada. Las películas se ven en streaming, y están siempre disponibles. Los libros están editados por casas de primer nivel. La música no lleva protección anti copia, o DRM. A esto hay asociado un factor precio, muy importante. Conscientes de que en la era digital la competencia es mucho más dura, los norteamericanos han buscado a la perfección el “sweet spot”, ese lugar donde interseccionan las ganas del consumidor de poseer algo rápido cuanto antes sin molestarse en buscarlo por Internet y obtenerlo con mala calidad, y la resistencia a soltar la pasta. En otras palabras, un precio justo. O sea, lo opuesto a lo que plataformas como Libranda –cuyo único objetivo, como señala Juan José Millás, parece ser no vender libros- están haciendo. De nuevo, el miedo. DRM y precios altos. Que mis distribuidores no se enfaden. Que mi cuenta de resultados no se resienta. Que la gente haga lo que yo digo porque cierro los ojos muy fuerte y lo deseo mucho. Y si los consumidores tienen otras ideas… Que el gobierno proteja mis derechos inalienables, contra viento y marea.” -Juan Gómez Jurado, el escritor que, retado por el mismísimo Alejandro Sanz después de la publicación del artículo antes mencionado, colgó para su libre descarga “Espía de Dios” (http://www.biblioeteca.com/biblioeteca.web/libro/179247 o http://www.mediafire.com/?hukk05v7qqci8dq), novela que lleva su firma y por la descarga de la cual pidió una donación de un euro a Save The Children.- Añado: ¿que pasaría si el servicio Premium de Spotify costara 2 euros al mes en vez de los 9,99 que cuestan actualmente? ¿En qué proporción se reduciría la piratería si entraras en el portal de música electrónica Beatport, por poner un ejemplo, y descargarte un trabajo en formato wav costara 50 céntimos en vez de los 3 euros de media actual, proporcionalmente el mismo precio que costaría si lo compraras en un formato físico (vinilo o cd)? ¿No sería mucho más cómodo pagar estas mínimas cantidades antes que adquirir productos pirateados y, a cambio, poder seleccionar de forma sencilla todo lo que uno se descarga, asegurándo su calidad?¿No se compensaría la reducción de precios con el aumento de clientes y la oferta para los mismos?¿Que pasaría con la industria del copyright si dejaramos de escuchar los 40 principales para empezar a abrir nuestras mentes al ingente contenido existente en la red licenciado bajo formas tan diversas como Creative Commons, Open Audio License, Copyleft, GNU GPL y sus variantes (para el caso del software), etc?...
-...Veo por la calle a la gente escandalizada por qué, personas a las que se les ha otorgado de forma arbitrara demasiado poder, han abusado de él. El mundo aprieta fuerte los ojos, deja que los días se deshojen y yo... me sonrojo...-
Leamos y aprendamos todos. ¡La cultura al poder!
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Comentarios
Hablan de democracia pero al final vivimos en un estado feudal camuflado. Los señores feudales son las grandes corporaciones, bancos, politicos, etc y nosotros los siervos de antaño.
Vale! no pasamos hambre (la mayoria, que en el mundo es una minoría) pero la justicia sigue siendo para los poderosos (los que tienen pasta), sus barbaridades siguen saliendoles impunes, siguen legislando según sus necesidades. El servilismo ha dado paso al amiguismo y el colegueo.
Y lo triste es que alguno de estos dice a y todos, como borregos, asentimos con la cabeza y les damos la razón. Demasiadas veces nos vence la pereza para poder mejorar el mundo.
En fin! Me callo que me entra la mala leche...
Muy logrado y bien escrito.!
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